Más buenas
intenciones. Más deseos, unos reprimidos otros no tanto. Más esperanzas de que
se puede hacer algo medianamente bueno con nuestras vidas. Más recuerdos que
nos invitan a sentir que era mejor cuando no había que pagar deudas y la vida
era sencilla.
Llegó el 2017, otro
año más en el que después de los guayabos post-navideños y los kilos de más
adquiridos con todo el maldito gusto, estaremos por acá de vez en cuando
compartiendo un poquito del buen rocanrol que mengua pesares, acolita alegrías
y le echa sal a la herida de la nostalgia.
Este año tiene para
mí en materia de rock un tinte especial. Y es que fue por allá hace 30 añitos
no más que con un radio reloj propiedad del chato mi abuelo querido, me dio por
espulgar emisoras para ver qué me hacía desviar la atención a los sonidos tropicales
que ya comenzaban a inculcarme en la casa. Apareció Bon Jovi sonando en Veracruz Stereo
y de ahí en adelante, el rock forma parte de mi vida. De algo al respecto hablé
hace 5 años ya en este blog (ver post Mis Primeros 25 años de Rocanrol)
Que sea un motivo
para compartir con ustedes un ejercicio que hice hace poco en mis playlists
personales. Una canción por cada año vivido. Mi vida reflejada año por año en cada uno de
los ecos que se encargan de reafirmar que aún el rock sigue significando para
mi la mejor excusa para irradiar sentimientos.
¡Qué comedera de
años más brava! Otro año más. Otro diciembre que marca con su tradicional y a
veces fastidioso colorido tropical, el final de un periodo más de vida. En mi
caso un 2016 bueno, lleno de retos, aprendizajes, mejores cosas por venir. Un año que alcanzó hasta para calmar mi antojo tardío de hacerme un tatuaje y por
supuesto, un año rodeado del buen rocksito que nunca nos ha de faltar.
En MetroRock sin tener la obligación de estar o no
de acuerdo con lo que los sabiondos musicales determinan como lo mejor del año,
nos damos a la tarea de compartirles sin ningún orden especifico, lo que a mis
oídos le pareció bacano este 2016, en medio de mí ya conocido gusto por el rock
de antaño…y arrancamos:
Sin duda fue uno de
mis discos más esperados en mucho tiempo. Desde el 2008 su majestad no sacaba
una nueva placa hasta que por fin en este 2016 se dejó venir con el que sin
dudas es el mejor álbum de hard rock del año y quizás de la década (¿exagero?).
Metallica se fajó un discazo con Hardwired... to Self-Destruct que no veía la
hora que me llegara de E.U. Este fue su segundo lanzamiento.
Conocí música de los
canadienses Monster Truck en 2014 cuando
escuché "Sweet Mountain River" y desde ahí me engancharon. Rock con actitud, buenas guitarras y coros
pegajosos. Desde enero de este año le machaqué duro a este temón de su segundo
trabajo Sittin' Heavy, convirtiéndose en
una de mis favoritas. Poderoso!
Otro de los regresos
que estaba esperando era el de "Thaaa
Kiiiinggg". Quería saber a qué sonaba Bon Jovi sin la estupenda guitarra de Richie Sambora y el resultado es This
House is Not For Sale, el disco # 13 en la carrera de la banda que me
hizo enamorar del rock desde mi infancia. Aún estoy tratando de sacarle todo el
gusto a un disco que quizás no pasará a la historia como el mejor de Bon Jovi pero que nos deja este buen sencillo.
Esta mujer no se
alcanza a imaginar cuánto me gusta mirarla. Es simplemente una cosita
deliciosa, con la actitud rockera que tanto disfruto en una mujer y unos labios de ensueño. Y adicional tiene una voz poderosa que se deja acompañar de una
banda que suena muy sabroso. Dorothy con
apenas 2 años de carrera ya va dando de qué hablar y en este 2016 este tema me
gustó bastante. Para seguirle la pista.
Llevo años pensando
en que esta banda merece más reconocimiento. Son los responsables de seguir
llevando el estandarte del sonido rock que parece brotar desde los 70's y 80's,
al mejor estilo AC/DC. Los australianos
de Airbourne trajeron este año debajo del
brazo su álbum Breakin' Outta Hell y el
tema que le da título parece pegarle un puñetazo directo a uno. Rock a tope.
Uno de los papás de
lo que se denominó en su momento el nuevo metal, sigue en esta década más
vigente que nunca. Korn también nos
regaló este año su décimo segundo trabajo The
Serenity of Suffering, con el que siguen demostrando que están en otra
liga. La canción que hacen con Corey Taylor "A Different World" y "Take me" son supremamente buenas,
pero decidí quedarme en este listado con el primer lanzamiento, que refleja
toda la potencia de Jhonatan & Cia.
Gracias a que en las
emisoras siempre pasan lo mismo una y otra vez, nos quedamos con ganas de
descubrir otro sinnúmero de buenas propuestas. Quizás una banda como Thrice que tiene casi 20 años de carrera
debería sonar por estos lados. Este año le di mucho palo a una canción de su
noveno trabajo discográfico To Be Everywhere Is
to Be Nowhere. "Black Honey" es sin dudar, una de las buenas canciones del
año.
El quinto trabajo de
los estadounidenses Breaking Benjamin
llamado Dark Before Dawn lanzado el año
pasado ha tenido unos buenos lanzamientos como "Failure" y "Angels Fall". Pero fue en
este 2016 que le paré bolas a una canción de corte más suave y un video que me
merece el calificativo de bonito. Una estupenda manera de bajar el acelerador
en este resumen.
Otra banda nueva que
me gustó este año fueron los angelinos The
Record Company. Ese bajo que suena todo distorsionado y el ritmo en "Off The Ground", me generan 4
minutos de buena sensación. Su álbum debut se llama Give It Back to You y seguramente seguirán dándose a conocer en
años venideros.
Y terminamos este
resumen con la canción de rock en nuestro idioma que literalmente me lo peló
este año. Los españoles de Elefantes lanzaron su álbum Nueve Canciones de Amor y Una de Esperanza en el que no contentos
con que esté un estupendo cover de Jose Luis
Perales como "Te Quiero", se hacen acompañar nuevamente del maestro Bunbury (como en"Azul"), en un himno del despecho que hace que me sepa a anís la boca. Preciosa canción.
Estos días que tuve
la inmensa fortuna de ver en vivo uno de los reencuentros más
esperados de la historia musical como lo es el de los Guns N' Roses, pude
sacarle provecho no sólo desde mi óptica de simple fanático del rock que vibra
con cada uno de los sonidos emanados de una guitarra o un grito a rabiar. Eso
lo tuve, y de sobra pero saqué mucho más de esta experiencia.
Indudablemente el
tiempo pasa. Ni físicamente (que no musicalmente) esos ídolos eran los mismos
de hace 25 años, ni mucho menos estos 90 y tantos kilos + 41 almanaques míos me
permitían medianamente intentar vivirlo con la misma energía. No obstante, así
como esos capos estaban en frente mío dando todo lo que podían, entregándose en
cada nota y hasta teniendo la osadía de correr en el escenario, yo a mi manera
quería saltar y gritar mientras mi espalda y mis rodillas me ratificaban que ya no era lo mismo.
Leía hace poco uno
de las tantas críticas a este evento en el que decían que era un robo , que
cómo era posible ir a ver a unos gordos viejos acabados y no se qué cuánta
babosada más. Y he reflexionado sobre eso. Claro que el tiempo tiene que
avanzar. Claro que ya ni ellos, ni yo, ni mis amigos somos los mismos de hace
25 años, pero así como a los Gunners lo que pudiera faltarles en la parte
física lo compensaban con una experiencia vasta reflejada en cada canción
tocada y una actitud responsable y profesional como la que quizás no contaban
cuando estaban jóvenes, así mismo me sucede; así nos sucede a todos.
No hay nada de malo
en envejecer. Si uno mezcla solo un porcentaje de la intención de pasarla bien
que tuvo en ese entonces con todo lo que las canas, los kilos y la vida le han
enseñado para bien y para mal, el resultado tiene que ser el disfrute al 100 de
todo lo que hagamos en una dimensión que no hubiéramos alcanzado a los 19. El tema es de pasión.
Por eso es que sigo
disfrutando del rock. Por eso es que lo sigo viendo como la mejor manera de
canalizar emociones. Por eso es que a ratos combato mi habitual nostalgia de
días pasados con el encanto de darme licencia a ver a qué suena lo nuevo. Hoy
les comparto en MetroRock los nuevos sonidos que nos ha dejado este último
tercio del 2016 y que a este cuarentón gordo pero no acabado le han gustado.
¿Le temo a la
muerte?. Sin mucho ponerme a pensar me encuentro ante la habitual disyuntiva
que mueve algunas de mis decisiones porque en realidad, no pero si.
Como cualquier
desprevenido que lee esto soy consciente de que en algún momento simplemente
esta vuelta se va a acabar. El inevitable final llegará y como tal eso no me
genera temor.
No obstante me
asusta llegando al repugno, la entrometida idea de imaginarme que un día
simplemente no voy a estar como digo yo "disfrutando
el inexplicable valor de lo simple" y saber que nada de lo que se
hizo sirvió para alguna vaina, le dejó huella a alguien o que nos quedamos en
meras buenas intenciones de hacer algo; por más trascendental o banal que suene
ayudar a unos viejos a hacer mejor su existencia en sus últimos años, liderar
un equipo de trabajo, pasar bueno con los amigos como si el licor se fuera a
extinguir al día siguiente, sacar adelante retos que se veían complejos a los
ojos de cualquiera o educar a una hija para que sea el oasis en una sociedad en
donde los valores parecieran en desuso.
En días como hoy me
levanto con ese soñador y quizás egoísta pensamiento en el que me imagino que
haber estado por aquí realmente ha valido la pena y que si por algún motivo nos
toca rendir cuentas, tratamos simplemente de no hacerle el daño a nadie, de dejarle
algo bueno para su vida a alguien o convertirse en un buen recuerdo de quien pasa por un sitio o escucha una canción. Todo esto se convierte en
motor para hacer cosas que no se han realizado, con el propósito de ver si
dejamos este cuento sin la mayor cantidad de pendientes posibles. Hacer todo. Hacerlo
pronto. Hacerlo bien.
Morir y seguir
viviendo. Dejar de ser pero estar. Trascender dejando una huella positiva. Hoy
a nuestra manera en MetroRock una muestra de que es posible trascender, con
algunos grandes artistas que en vida no nos acompañan pero cuyo legado se
perpetua cada vez que los ecos del mejor rocanrol acompañan nuestro trasegar en
ese camino llamado vida.
Viernes 6 de
Septiembre de 1996. Medellín, Colombia. Hacía calor. No era el típico comienzo
de fin de semana de esa época distante de todas las responsabilidades que el
tiempo me ha ido endilgando. Fines de semana de sentarnos a hablar mierda en un
bar, de tomar licor de una manera desaforada en medio de los ecos del buen
rocanrol noventero en donde destacaba una banda española que se ganó con
sobrados méritos el convertirse en nuestra favorita.
Esta vez era
distinto. No tendríamos que escuchar a los Héroes Del Silencioen las aparatosas grabadoras de CD que con mucho orgullo
algunos de nosotros teníamos y que llevábamos a cuanto fandango resultara en
alguna casa o finca. Aparatos resistentes a cuanto golpe y borrachera hubiera
pero algunas con el inevitable destino de sucumbir ante la primera casa de
empeño que se cruzara. Esta vez, no se iban a necesitar.
Esta vez era
distinto. Ese viernes caluroso del 96 nuestros ojos y oídos iban a dar crédito
a estar en frente de la última gran banda de rock en nuestra lengua que para mí
ha existido hasta ahora.
¿Quién lo habría
imaginado? Hacia menos de un año había tenido la fortuna de ver en el Estadio El Campín de Bogotá por primera (y hasta ahora
única vez) en un multitudinario concierto en el 95, a la banda que me inició en
mi niñez en toda esta pasión por el rock (Bon
Jovi, Thaaaaa Kiiiiingggg!!). Y
ahí estaba yo desde el medio día de ese viernes de septiembre haciendo fila en
las afueras del Centro Comercial Monterrey
en Medellín, dizque para ver en la noche a los eternos cómplices de juergas y
excesos en vivo. No me la creía.
No importó que el cd que regalaban por la compra de la boleta me lo hayan dado dizque de
vallenato (¿premonición a mi actual hábitat?) mientras que a mis amigos les dieron el Avalancha. No importó que el salón de eventos
del Monterrey fuera tan supremamente
pequeño y caluroso. Mucho menos me importó que cuando salió Pedro Andreú a hacer sonar los platillos de su
batería para comenzar el concierto con "Deshacer
el Mundo", yo hubiera quedado atrapado en el tumulto y perdiera
(durante todo el concierto) uno de mis tenis Converse azules.
Sin lugar a dudas
creo que ha sido uno de los conciertos más frenéticos e intensos en toda mi
vida. El público de aquel atestado sitio no paró de saltar, corear y gritar
hasta el cansancio: "Iberia
sumergida", "Parasiempre",
la majestuosa "Sirena varada",
"Entre dos tierras". No había
respiro. Solo creo recordar que cuando terminó "Avalancha",
los de Zaragoza decidieron darse un pequeño descanso para bajar un poco el
acelerador con himnos de mis encuentros etílicos con la Leonera como "Flor Venenosa" o "La Herida", pasar por "Flor de Loto", "Opio" y acabar con una versión
furiosa de la "Decadencia". Juan Valdivia ponía a tope su guitarra mientras
fumaba como un demonio y Bunbury con su
poderosa actitud en el escenario se quería comer al mundo. Capos!
En ese momento no
tenía ni idea de que jamás iba a volver a ver a Enrique,
Cardiel, Valdivia
y Andreu juntos pues la gira del Avalancha significó su adiós justamente ese año
(mitigado por una fugaz reunión en 2007 por temas meramente contractuales).
Pero aquella noche viví ese toque como si realmente fuera el último concierto
no solo de ellos sino de mi vida. No era para menos.
Esa noche de
septiembre del 96 volví a mi casa prácticamente sin voz, con mi cuerpo cansado
hasta más no poder, pero con esa inexplicable sensación de sentirme realmente
vivo…y hasta con aquel tenis Converse azul que se me había perdido desde la
primera canción y que sin saber cómo, llegó hasta el escenario que los
mismísimos Héroes del Silencio acaban de
pisar.
Y nos comimos el
segundo tercio del año, momento apenas propicio para hacer nuestro acostumbrado
balance de lo que mejor nos sonó en estos últimos 4 meses. Lo alentador de este
asunto es que esta vez no me pasó lo de otras veces en donde realmente me ha tocado
escarbar, oír y volver a oír hasta que considere que algo nuevo realmente
merezca compartirlo por este medio.
Considero que de lo
que he escuchado en estos últimos 4 meses hay mucho que rescatar en cuanto a
nuevo rock, lo cual no deja de ser prometedor para mis siempre nostálgicos
oídos que quisieran que todo sonara a 80's y 90's. Es bueno que nueva música se
empiece a colar entre mis listas de reproducción y que me provoquen subirle al
volumen mientras voy manejando. Es buen seña.
Les comparto este
recargado playlist con la mejor música de los últimos 4 meses en donde van a
encontrar cosas muy interesantes. El nuevo rock con bandas no tan conocidas en
estas tierras del sagrado corazón como Thrice,
The Record Company, Dorothy, Rival City
Heights y Failure Anthem.
Le metemos candela
con buen hard rock cortesía de una bandola como Airbourne,
los poderosos Chevelle, la unión de Deftones con el líder de Alice in Chains, los daneses de Volbeat y el regreso de grandes en estas lides
como Rob Zombie, Korn y Machine Head.
Lo suave vendrá de
la mano de Chris Cornell que le rinde un
homenaje al malogrado Prince cuya muerte
se convirtió en la nota triste de este tercio del año. Breaking Benjamin le bajó al volumen y se fajó una estupenda
canción y Coldplay tiene una nueva
canción que es de lo mejor en varios años.
Además el post
grunge dice aquí estoy con los 3 Doors Down
y Pop Evil, mientras el gran Zakk Wilde se dejó venir con un temón del cual también lanzó como bonus en
colaboración con el líder de Slipknot.
Hubo buenos sonidos
alternativos con bandas reconocidas como Garbage,
Goo Goo Dolls y Red Hot Chili Peppers. Y para acabar esta vuelta, tuvimos buen
punk rock con lo nuevo de Sum 41 y el
estupendo nuevo trabajo de blink-182 que
nos remonta a comienzos del milenio.
Par ver todo lo que
se nos quedó en el tintero en nuevo rock del período abril-julio de este 2016
visita nuestra lista de reproducción de MetroRock
en Youtube
No
tengo que hacer mucha memoria pues la nostalgia de aquellos días me ayuda.
Estaba en octavo grado en el Colegio Corazonista
en Medellín. Mis reconocidas limitaciones
para practicar el fútbol (aumentadas por mis no pocos kilos de más)
contrastaban con la pasión con la que siempre seguía este deporte y en
particular con el sentimiento que profesaba por un puñado de tercos obreros
vestidos de verde.
Tercos
obreros pues en ese entonces era simplemente impensado que un equipo conformado
netamente por jugadores de un país que sencillamente no tenía mayor peso en el
continente, intentara medianamente figurar y ellos aun así, demostraban con un
trabajo humilde y constante en cada partido, que se podía desafiar esa lógica.
Se
jugaba con hambre de gloria, sin importar que en frente se tuviera la historia
de Racing de Argentina o el mismo Millonarios con el que apenas nacía una
rivalidad enconada al que el tiempo le siguió dando vida. Y qué carajos si
había que enfrentar al equipo revelación de esa copa como Danubio de Uruguay; igual había que ganarle y
no de cualquier manera.
Añoro
esas tardes cívicas en Medellín en donde
se podía ver a la gran mayoría identificada con un Atlético Nacional que se volvió eso: una causa Nacional. Fui de
los no pocos privilegiados que pudieron vivir en esa época llena de
complicaciones para el país en donde un club que se volvía leyenda nos regalaba
el mejor bálsamo, ganando lo impensado ante otro histórico como Olimpia del Paraguay.
A mis
41 años y después de recibir incontables alegrías y alguno que otro jodido
traspiés, la vida me regala la oportunidad de volver a ver a mi verde del alma
a las puertas de la gloria. Lejos quedó aquella triste noche del 95 en la que Gremio del Brasil nos arrebató la ilusión. La
cosa parece haber cambiado tanto que pasamos de ser cenicientas en el 89 a ser ahora favoritos contra un equipo ecuatoriano como Independiente
del Valle que sin querer, me recuerda a nosotros mismos en ese entonces.
Análogamente,
muchas cosas perduran y hasta se parecen. Tenemos un arquerazo que es hoy por
hoy tan determinante como lo fue mi ídolo de ídolos, el gran René. Tenemos un técnico serio, disciplinado y con recorrido. Tenemos un equipo contundente al que se
le nota trabajo y en el que se destacan jóvenes promesas (que digo promesas,
realidades). Y aunque como en aquel entonces seguramente no podré estar
presente acompañando en la cancha a este puñado de cracks, volveré a estar
desde la distancia alentándolos y esperando volver a gritar hasta rabiar que mi
verde, ese que me enseñó a querer mi tío desde que tenía 6 años, es el campeón
de América.
Debo confesar que
voy a cine menos veces de las que realmente quisiera y debería. Cuando sale
algo realmente bueno (para mi) de una me apunto al parche cinéfilo; Ah, pero
eso sí, trato de sacar un rato o dos en la semana para convertir mi habitación
en un espacio en donde la felicidad se materializa en la combinación ganadora
de Doritos con Coca Cola y una buena película.
Con expectativa vi
hace algunas semanas el trailer promocional de la segunda parte de una de esas
películas que me marcó para toda la vida y que se convirtió en mi favorita por
su crudeza, por la manera de hacer símiles entre la realidad y la ficción, por
su música, por su historia, por todo: Trainspotting.
Cuándo será 2017!.
Quizás ese
sentimiento de nostalgia que recorre todo mi regordete y cuarentón cuerpo haga
que también a la hora de dar mi concepto sobre una película prefiera elegir una
de los 80's o 90's que una actual, tal y como me pasa con el roncarol, obvio
con buenas excepciones. El Cuervo, Pulp Fiction, Rocky
toda la serie completica, Forrest Gump, Corazón Valiente, Los Infiltrados, La Pared, Asesinos por Naturaleza, Buenos Muchachos,
Belleza Americana…simplemente estupendas.
Se llegó el momento
en MetroRock de hacerle justicia a otra
combinación ganadora: Cine & Rock, con algunas de esas canciones que me
gustan y que hacen recordar buenas o
malas películas que seguramente muchos de nosotros tuvimos la oportunidad de
ver alguna vez bien sea en cine o TV; quizás utilizando un Betamax o un VHS o
en mi caso aprovechando que en la familia de un gran parcero tenían una
videotienda.
Y a vos, ¿Cuál
canción de rock que suene en una película te gusta?