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jueves, 13 de julio de 2017

I WANNA FUCK! (SEXO, ROCK Y OTROS DEMONIOS)


Aún mi piel la recuerda. ¿Y cómo olvidarla con todo lo que sucedió? Era una fría noche de bar en que no provocaba sino: 1. Disfrutar del calor humano de una fémina que estuviera medianamente interesada en meterse con este servidor o 2. Embriagarse al son de una buena tanda de rock depresivo en la barra. Dadas mis reconocidas mañas para el fracaso en el ligue, obviamente opté por lo segundo resignado a llevarme de nuevo la derrota a cuestas.

Retumbaban los ecos de All of my Love de Led Zeppelin y mientras daba el sorbo a mi Jack con hielo vi cuando ingresó por la puerta la cosita más rica que el creador había puesto por estos lares esa noche. Tuve el normal instinto de frotarme los ojos con mi mano derecha para ver si era efecto del licor que me hacía ver aumentada la realidad. Pero que va; era verdad y solo 2 minutos que tardó en ubicarse de mesa me bastaron para detallarla.

Sus labios eran rojo oscuro, de los más carnosos y sensuales que pudiese creer. La raya negra en sus ojos dejaba entrever una mirada que mezclaba inocencia con maldad pura. Tenía en su cuello una especie de gargantilla semigruesa color negro de la que pendía una estrella que le hacía juego con su chaqueta de cuero ceñida, un top blanco por el que se alcanzaba a ver el logo de The Who y unos jeans con 2 o 3 rotos. Sus Converse grises la hacían ver más pequeñita de lo que era. Sencillamente deliciosa.

Quise creer que se percató de mi permanente mirada durante su entrada, pero como suele suceder me choqué de frente con el habitual estado del desprecio. A pesar de llegar sola, quizás ni se le pasó por la mente sentarse en la barra y desde su mesa, no supe lo que era que me volviera a mirar. Volví al vaso con ese licor del que estaba seguro si disfrutaba tanto de mi como yo de él.

No sé si fueron mis delirios de cantante mientras entonaba a pulmón herido Round Here de los Counting Crows, mi soledad en la barra, mi camiseta de Metallica en la que se deja ver en la espalda una botella que contiene cianuro en clara alusión a su canción del Death Magnetic o las 3 juntas. El caso es que aquel ángel en chaqueta de cuero llegó a la barra y le pidió al hombre de la música que le incluyera en la lista She Will be Love de Maroon 5 mientras que increíblemente me sonrió y decidió sentarse a mi lado.

Hablamos un par de horas en las que congeniamos muy bien por el gusto al rock no menor a 16 años y entre charla y charla dejaba oír una risa estrepitosa con cualquier ocurrencia mía. Esos labios me parecían cada vez más carnosos, cada vez más sensuales. Se tocaba su cabello negro de vez en cuando tirándoselo al lado derecho de la cara lo que la hacía ver aún más ángel y se abría la chaqueta para que su camisilla de The Who dejara intuir que tenía unos senos estupendos, lo que la hacía ver más diabla. Me miró y pude entender en su mirada que me estaba desafiando. Mordió su labio mientras me decía que le gustaría que nos fuéramos a escuchar rock a otro lado, donde "estuviéramos solitos".

El trayecto en el taxi fue un derroche de besos apasionados y húmedos con un servicio de mensajería directa a las partes inferiores. Sucumbimos ante las caricias por todo lado (literal) mientras por allá en la emisora en tono muy bajo se distinguía la melodía de Secret de Madonna…y me sonó muy bien. Su mano sobre mi jean invitaba a explotar y me perdí tanto en aquel erótico trance que no recuerdo haberle pagado al taxista.

La habitación de aquel motel fue testigo de toda la húmeda pasión. La suavidad de su piel con ese tatuaje al final de la espalda que hacía ver más provocativa su cadera; las malas palabras pidiendo más; aquella tibia lengua rozando mi cuerpo y su mirada de mala mientras lo hacía. Una épica noche de sexo matizada por un playlist que tenía en mi celular y que brindaba invitación abierta al desenfreno: Lenny, Deftones, Héroes, Foreigner, The Beloved, Calamaro y compañía ratificaron que el rock es capaz de propiciar la atmósfera perfecta al desfogue sexual.

Después de aquel mojado sueño desperté en mi cama con el afán de irme al trabajo y con la maliciosa sensación que produce el pecado, así este hubiera habitado aquella noche solamente en mi lujuriosa imaginación.


Deftones - Digital Bath




Lenny Kravitz - I Belong to You




Billy Idol - Eyes Without Face




Robi Draco Rosa - Amantes Hasta el Fin




Maroon 5 - She Will be Love




Santana - Just Feel Better (Feat. Steven Tyler)




Pink Floyd - Comfortably Numb

 

 
Héroes del Silencio - La Espuma de Venus




Chicago - Look Away




Foreigner - I Want to Know What Love Is




Counting Crows - Round Here




Andrés Calamaro - Crímenes Perfectos

 

 
Bon Jovi - It's Hard Letting You go

 

 
Prince - Purple Rain

 


Madonna - Secret




Soda Stereo - Trátame Suavemente




Lynyrd Skynyrd - Free Bird

 


 The Beloved - Sweet Harmony

 


The Police - Every Breath You Take




Ángeles Del Infierno - Jugando al Amor

 


 Led Zeppelin - All my Love

domingo, 26 de febrero de 2017

MI VIDA EN MÚSICA - ACTO 2


¿Cómo es eso de comenzar a ser un adolescente y estar empezando "a dar pasitos"?. Por inverosímil que suene, ese fue mi caso, por lo menos en materia de rock. El último tercio de los 80's me permitió gatear en el inicio de mi juventud al son de una música llena de energía, brillo y estridencia. Ese nacimiento quedó plasmado hace 5 años en las líneas de este blog (ver http://ehzapata.blogspot.com.co/2012/07/mis-primeros-25-anos-de-rocanrol.html).

Ahora que lo pienso quizás ese deseo de hacer perdurar mis 3 primeros años como amante del rock es el que hace aflorar toda la nostalgia por todas aquellas bandas "de greñudos con laca", responsables de haberme enamorado del buen rocanrol.
Quizás también esa nostalgia me invade por lo que representó crecer en una época confusa en donde podía pasar de todo: el surgimiento de sentimientos poderosos y sinceros por personas que hoy por hoy todavía forman parte de mi vida; la cantidad de lágrimas y rabias producto de frustraciones magnificadas por la inmadurez propia de mi juventud; el brusco encuentro con la violenta realidad de ciudad reflejada en supuestos agentes de seguridad que me pegaron hasta más no poder por el terrible pecado de ser un adolescente de un barrio popular.

En definitiva, crecer duele. Y si lo pongo en el contexto del rock por supuesto que dolía ver que lo que yo acaba de conocer hace poco más de 3 años ya era obsoleto. La música cambiaba y yo ampliaba tibiamente mi espectro de gustos mientras me chocaba de frente con todas esas realidades de vida que se continuaron después con el cambio de milenio. Esta era la época que ayudó a fortalecer las bases de toda mi pasión por lo que una buena melodía puede generar.

Hoy en MetroRock la segunda parte de este recorrido sonoro por la etapa que marcó mi inolvidable juventud y el inicio de la inevitable adultez. Una canción por cada uno de los siguientes 14 años de mi vida.


Soda Stereo - De Música Ligera (1990)



Nirvana - Smells Like Teen Spirit (1991)




Megadeth - Symphony of Destruction (1992)




Héroes Del Silencio - La Sirena Varada (1993)




Live - I Alone (1994)




Oasis - Wonderwall (1995)




Robi Draco Rosa - Blanca Mujer (1996)




Radiohead - Karma Police (1997)



Creed - What's This Life For (1998)




Pearl Jam - Last Kiss (1999)




Coldplay - Yellow (2000)




Staind - It's Been A While (2001)




Queens of The Stone Age - Go With The Flow (2002)




Hoobastank - The Reason (2003)



Velvet Revolver - Fall to Pieces (2004)

domingo, 28 de agosto de 2016

EL ADIOS AL EXCESO: A 20 AÑOS DE HABER VISTO A LOS HEROES DEL SILENCIO



Viernes 6 de Septiembre de 1996. Medellín, Colombia. Hacía calor. No era el típico comienzo de fin de semana de esa época distante de todas las responsabilidades que el tiempo me ha ido endilgando. Fines de semana de sentarnos a hablar mierda en un bar, de tomar licor de una manera desaforada en medio de los ecos del buen rocanrol noventero en donde destacaba una banda española que se ganó con sobrados méritos el convertirse en nuestra favorita.

Esta vez era distinto. No tendríamos que escuchar a los Héroes Del Silencio en las aparatosas grabadoras de CD que con mucho orgullo algunos de nosotros teníamos y que llevábamos a cuanto fandango resultara en alguna casa o finca. Aparatos resistentes a cuanto golpe y borrachera hubiera pero algunas con el inevitable destino de sucumbir ante la primera casa de empeño que se cruzara. Esta vez, no se iban a necesitar.

Esta vez era distinto. Ese viernes caluroso del 96 nuestros ojos y oídos iban a dar crédito a estar en frente de la última gran banda de rock en nuestra lengua que para mí ha existido hasta ahora.
¿Quién lo habría imaginado? Hacia menos de un año había tenido la fortuna de ver en el Estadio El Campín de Bogotá por primera (y hasta ahora única vez) en un multitudinario concierto en el 95, a la banda que me inició en mi niñez en toda esta pasión por el rock (Bon Jovi, Thaaaaa Kiiiiingggg!!). Y ahí estaba yo desde el medio día de ese viernes de septiembre haciendo fila en las afueras del Centro Comercial Monterrey en Medellín, dizque para ver en la noche a los eternos cómplices de juergas y excesos en vivo. No me la creía.

No importó que el cd que regalaban por la compra de la boleta me lo hayan dado dizque de vallenato (¿premonición a mi actual hábitat?) mientras que a mis amigos les dieron el Avalancha. No importó que el salón de eventos del Monterrey fuera tan supremamente pequeño y caluroso. Mucho menos me importó que cuando salió Pedro Andreú a hacer sonar los platillos de su batería para comenzar el concierto con "Deshacer el Mundo", yo hubiera quedado atrapado en el tumulto y perdiera (durante todo el concierto) uno de mis tenis Converse azules.

Sin lugar a dudas creo que ha sido uno de los conciertos más frenéticos e intensos en toda mi vida. El público de aquel atestado sitio no paró de saltar, corear y gritar hasta el cansancio: "Iberia sumergida", "Parasiempre", la majestuosa "Sirena varada", "Entre dos tierras". No había respiro. Solo creo recordar que cuando terminó "Avalancha", los de Zaragoza decidieron darse un pequeño descanso para bajar un poco el acelerador con himnos de mis encuentros etílicos con la Leonera como "Flor Venenosa" o "La Herida", pasar por "Flor de Loto", "Opio" y acabar con una versión furiosa de la "Decadencia". Juan Valdivia ponía a tope su guitarra mientras fumaba como un demonio y Bunbury con su poderosa actitud en el escenario se quería comer al mundo. Capos!

En ese momento no tenía ni idea de que jamás iba a volver a ver a Enrique, Cardiel, Valdivia y Andreu juntos pues la gira del Avalancha significó su adiós justamente ese año (mitigado por una fugaz reunión en 2007 por temas meramente contractuales). Pero aquella noche viví ese toque como si realmente fuera el último concierto no solo de ellos sino de mi vida. No era para menos.

Esa noche de septiembre del 96 volví a mi casa prácticamente sin voz, con mi cuerpo cansado hasta más no poder, pero con esa inexplicable sensación de sentirme realmente vivo…y hasta con aquel tenis Converse azul que se me había perdido desde la primera canción y que sin saber cómo, llegó hasta el escenario que los mismísimos Héroes del Silencio acaban de pisar.
























































domingo, 29 de julio de 2012

MIS PRIMEROS 25 AÑOS DE ROCANROL

...Y nací a los 12 años. Si me remito a hablar acerca de los doce años anteriores de mi vida, no variaría mucho del común de las rítmicas familias que habitan estos trópicos: que el merengue por aquí, el porro por allá, que venga le enseñamos a bailar (que dizque porque eso era fundamental para la vida), que así iba a conseguir novias, que esto y lo otro... total, aprendí a bailar, no he conseguido ninguna novia en mi vida por saberlo hacer (uno que otro efímero encarrete, pero nada más) pero algo me decía que un ridículo estribillo como “mama, ¿qué será lo que quiere el negro?” no era lo que yo andaba buscando.

Estando en sexto, cuando comenzaron mis cambios corporales, jugaba la verdad se atreve y estudiaba como un nerdo pa'  poderme ganar dizque la medalla al mejor estudiante (y lo hice, por cierto), pasando una emisora (Veracruz Stereo), escuché un coro de una canción en inglés (en mi vida había tenido contacto con música en ese idioma, pero en el colegio me daban ya inglés), que me gustó mucho. Se me pegó como un chicle. Y averiguando, me di cuenta de lo que decía el coro: “le das mal nombre al amor”; y aunque no era la letra más romántica o llegadora del mundo, si me gustó mucho su fuerza. 

Luego, vino la consabida investigación (cosa que no hago muy a menudo, lo confieso; tiene que ser algo que realmente me interese mucho pa'  poderme poner a consultar), y me di cuenta de que un tal Bon Jovi (“Thaaa Kiiiing”) tocaba esa canción, y que aparte de esa, había muchas otras buenas canciones incluidas en sus 3 discos inmediatamente anteriores... y oh sorpresa!! Algunas hablaban de amor y desamor; hablaban de sueños de juventud y frustraciones; hablaban de la vida de una rutilante estrella de rock y de la vida de un simple estudiante de secundaria.... vaya vaya. Al final de cuentas supe que había gente que podía hacer buena música, que le gustara a mucha gente, que no se tuviera que bailar y lo que es mejor: tenían algo más que decir que cantarle a un comején o a un toro miura: Definitivamente, ahí estaba lo mío.




Luego supe que aparte de mi idolatrada banda de Jersey, había infinidad de grupos dedicados a lo mismo: hacer buena música, una accesible a la radio y otra no tanto, pero toda, buena música; y aparecieron en mi vida bandas como Poison, Skid Row, Warrant, U2, Cinderella, Tesla... y otras que ya existían antes de que doña María V decidiera traerme al mundo: Def Leppard, Kiss, Scorpions, Aerosmith, Led Zepellin, Judas Priest, Black Sabbath, Queen, AC/DC, entre otras. 



Todas esas bandas y otras (unas imitaciones clase A, otras clase B y alguna que otra con una mísera canción buena), marcaron mi adolescencia... y todo por la sencilla razón de que yo sentía en sus líricas y melodías que me hablaban como yo necesitaba, decían cosas que a mí me pasaban o pasarían después (y me pasaron). Descubrí que el rock era mucho más de lo que tan mal me hablaban en la casa: “música pa'  peludos marigüaneros”; Error!!  El rock se abrió a mis oídos y ojos (gracias a los vídeos y a la imagen estrafalaria de muchos de mis grupos favoritos), como todo un nuevo mundo en donde se mezclaban lo jovial con lo triste, lo social con lo absurdo, la vida y la muerte... el rock se convertía para mí en la mejor manera de expresar mis emociones; es gritar, es llorar, es reír, es sexo, es libertad, es amar. Ese era el comienzo de toda esta historia, que lleva ya 25 años, viendo pasar tendencias, peludos de todas las clases, canciones buenas y malas; grupos talentosos y otros peyes... en fin, el rock me marcó y se quedó.




Al año, descubrí a los que siguen siendo, mis mentores, mis ídolos: su majestad Metallica, quienes con sus mensajes sobre la sociedad de consumo, la muerte, el sistema político y además con su historia llena de traspiés, hambres, desgracia y demás, me enseñaron el valor de la superación, el caer y volverse a levantar sin darse por vencido... corroboré (gracias a 4 peludos con fama de alcohólicos) lo que me decían en la casa: con trabajo honrado y esfuerzo uno logra los objetivos que se propone.




Y luego vino la difícil búsqueda de compinches para mis gustos musicales. Difícil, pues a mis compañeros del colegio les gustaba escuchar (y bailar, guacale!!!) salsa, merengues y vallenatos.
Eran los mismos que cada año cambiaban de gustos: que qué nota Locomía, que qué pasta (palabra precursora de “chimba”) ir al concierto de Samantha Fox, ¿te sabés todos los pasos del meneíto o la lambada?... y ahora cambiamos de nombres, pero en esencia es la misma mierda (para mí): que qué nota la electrónica o la salsa romántica (camera más bien); que vámonos de perreo….caso aparte merece el maldito reggaetón: la banda sonora de una pesadilla. Por mí, Wisin & Yandel, Don Omar, Daddy Yankee y todos los otros que son igualitos (y suenan igualito), se pueden sofreír en la doceava paila del mismísimo infierno…. A mí me gustó y me gusta otra cosa, no por el hecho de que digan “ve, míralo, ese man escucha una música más rara o vieja”, sino porque en esencia mi personalidad y mis estados de ánimo se ven mejor reflejados en una buena canción de rock. Afortunadamente me topé con mucha otra gente que comparte gustos y filosofías.


Llegó otro boom: el rock en español... y pasó por mi lado, calladito, pues no me deslumbró mucho. No sin antes pasar el colador y sacar fuera algunas cosas interesantes de bandas como Soda Stereo, Caifanes (que no se entere Libardo), Ángeles del Infierno y bandas nacionales como Kraken, Perseo y más adelante, Ekhymosis y BajoTierra. Fueron más bien pocas, pero algunas canciones de esa época también dejaron mucho en mí, pues trataban de mostrar lo que insistentemente me regalaba el rock “in english”. Era la época de mis primeros chupes, mis sueños mojados, el fútbol y los amigos de la esquina, con quienes me la pasaba cagado de la risa a toda hora sin preocuparnos por algo más que por ver la vieja de la foto de la revista “Vea”, ganar el año y ver la “música de Veracruz”.




Llegó el cambio de década, con muchas expectativas en torno a mi futuro (ya estaba bueno de  mamar tanto gallo en la esquina) pues en los próximos 10 años vendría mi graduación del colegio, quizás mi graduación de odontólogo (jamás lo fui), vendrían mis primeras novias en serio, mis primeras relaciones sexuales. Vendrían muchas alegrías, pero de la mano con una tonelada de frustraciones y rabias. De nuevo, la música volvió a convertirse en mi mejor amiga, en esos momentos en los que me provocaba dejar a mis abuelos tirados por todas las rabias que me hacían dar. Ahora, pienso que era yo.

Pero, así como yo cambié en cuanto a mi forma de ser, comencé a sentir que la música, ese rock que tanto venero, estaba siendo desplazada... por culpa de las malditas modas que tanto odio yo, el buen Heavy Metal de los 80's se convirtió en eso: una moda y era necesario que los nuevos músicos mostraran que la vida era más que darse piquitos con la novia y vivir pelando el diente de alegría a toda hora; supe gracias a este cambio de mentalidad en la música y gracias también a mis nuevas vivencias personales, que había un estado de ánimo que me marcó: La depresión.


Llegaron pues Nirvana, Soundgarden, Alice in Chains, R.E.M., los maestros de maestros de Pearl Jam; cómo olvidame del primer álbum de Stone Temple Pilots... y Radiohead. Ahh, esos si que saben hacer música pa' pegarse un tiro!!!.




Y aunque admito que opuse un poco de resistencia a este cambio, supe que toda esa música podía perfectamente convivir dentro de mi colección personal, pues aunque a la luz de cualquiera, la música de los 80's con la que nací, y la de los 90's con la que crecí son totalmente opuestas, siento que en esencia son lo mismo: ROCK, sólo que si mezclamos los mensajes, pues encontramos el relato de una vida entera.


En medio de la década, también hubo algunos intentos por parte del rock en mi idioma para meterse de lleno en mi vida; y en parte lo logró, con la seriedad, la profundidad y la poesía de música de los Celtas Cortos, Héroes del Silencio o de Robi Draco Rosa, estos dos últimos ligados a la filosofía del exceso que tanto practiqué... pero no con drogas, sino con otro letal aliado de la depresión y paradójicamente, de la alegría: el licor... borracheras con y sin motivo, con guaro, cerveza, tequila y hasta con el ron que tan mal me cae... pero todas con dos elementos en común: 1. mis entrañables amigos, la “leonera” con la que tan bien me he entendido hasta la fecha. Parecemos a veces hasta un rompecabezas en donde cuadran perfectamente la irresponsabilidad y el compromiso, la seriedad y la patanería... y 2. el rock, que siempre fue parte de esas rascas violentas, que me ha visto llorar por todas las pendejadas que le he cometido a mucha gente y por otras que me han hecho lo mismo; el rock que me ha visto reír cuando me gradué en una bacanal de 3 días en una finca o celebrando 20 años de amistad en San Andrés Isla; el rock que me ha visto deprimirme por sentirme el ser más solo de este mundo.



Y del sexo, qué? Pues admito que la música siempre ha tenido un lugar privilegiado en este tema; desde mis primeros encuentros con el dios Onán viendo el vídeo de “Girls, girls, girls” de Motley Crüe (nunca me pillaron mis abuelos), las buenas baladas rockeras, los sonidos de Lenny Kravitz, mamonazos del gran Draco, Calamaro, Bunbury o los mismos Héroes hasta la provocadora “Digital Bath” de Deftones... el rock siempre ha sido un gran aliado cuando de  proponer la atmósfera perfecta se trata.



Y cómo pasar por alto los 90's sin hablar de los conciertos. La mejor definición de sentirse vivo, de trascender. No soy un asiduo visitante a cuanto concierto de greñudos con tarros y gritos hay; para ir a un concierto realmente me tiene que gustar... y claro ¿cómo dejar que el rey (Bon Jovi) o los dioses (Metallica) pisen la tierra de este país del sagrado corazón y no estar ahí para contarlo? No me lo hubiera perdonado. No me gustaron las drogas, pero quizás el éxtasis que sentí viendo tocar “Wanted dead or alive” de Bon Jovi en el 95, “La sirena varada” en el concierto de Héroes en el 96, Draco combinando poesía con uno de los mejores discos que se han hecho en nuestra lengua (Vagabundo) en el Jardín Botánico en 2010 (y yo tomando roncito), el trash honesto de Megadeth en 2011 y las explosiones en “One” en el concierto de Metallica en el 99 o en marzo de 2010 (en primera fila con “pajuela” incluída), sean lo más parecido a estar drogado….Empujones, disfonía, insolación…todo vale la pena.



Quizás por eso, disfruté mucho de mis noches de bar hace ya 10 años (inolvidable Cieza): mis amigos estaban ahí, mis vídeos y mi música estaban ahí. Y combinaba la nostalgia de “I won´t forget you” de Poison con la tristeza de “Outside” de Staind; combinaba las rabias en momentos distintos de “Welcome home (sanitarium)” de Metallica con “I alone” de Live; evocaba frustraciones y tristezas con “One” de U2 o con “Black” de Pearl Jam. Conjugaba mis gustos personales con los de mucha otra gente; unos que quizás veían la  música igual que yo, y otros que simplemente querían pasar un buen rato... es más, hasta sentí una partecita de lo que era estar en un concierto propio cuando salí a cantar un par de temas. Me volví a sentir vivo.



De la música de ahora no hay mucho que decir; algunas bandas que me gustan, grupos con una que otra buena canción, bandas prometedoras y otras que se quedaron en promesa; pero me preocupa que mucha gente está interesada en mostrar al rock (otra vez) como una moda y es por eso que uno prende el radio o pone MTV y escucha una decena de grupos que suenan igualito (cosa que pasaba a finales de los 80's con el Heavy o a mediados de los 90's con el Grunge, o a principios del “nuevo milenio” con el Nu Metal, o el alternrock). Todo mundo se pega de la rueda. Qué falla!!. Pero al final los buenos quedan y por eso Iron Maiden, los Stones y Ozzy siguen dando lidia por ahí. El talento real perdura.




A la luz de mis 37 años, muchas cosas han cambiado. No fui odontólogo, pero tengo una carrera y un trabajo estable. Muchas modas, grupos, melodías y gustos han cambiado. Pero aún me sigo conmoviendo con las cosas que pasan en este mundo. Aún sigo siendo el mismo soñador. Aún me siento solo a ratos. Aún me tomo las cervecitas con mis amigos, aunque ya la moderación y la responsabilidad hicieron mella. Aún escucho una buena canción para animarme cuando no he tenido un buen día. Aún escucho una canción depresiva para acabarme de rematar. Aún siento que el rock es mi aliado... algunas cosas nunca cambian.